Hablando con Erik Barmack para la entrevista de portada, me dijo algo que es completamente cierto: el talento está en todas partes; simplemente, no siempre lo hemos estado mirando. Y creo que esa frase resume bien el momento que vive la industria audiovisual. Después de recorrer mercados y ver series, la sensación general es que el sector entero se está reajustando. Las plataformas replantean estrategias, vuelven las ventanas —con otros nombres— y las integraciones “en diagonal” apuntan a un modelo más híbrido, más realista y, quizá, más sostenible. Nadie tiene todavía el mapa completo, pero el tablero se mueve. Y eso, tras meses de incertidumbre, es una buena señal.
Se habla de Corea, de Estados Unidos y, cada vez más, de Europa. Por los aranceles de Trump, por los incentivos fiscales, por los nuevos hubs y, sobre todo, porque aquí hay talento, conocimiento y estructuras de producción capaces de competir. Producir en Europa es más asequible, los equipos técnicos son excelentes, las escuelas funcionan y las historias son sólidas. Lo que faltaba era mirar hacia dentro y entender que, si queremos estar en el mapa global, debemos actuar como una red. Europa tiene una oportunidad. La de coordinar esfuerzos y crear un ecosistema común que combine identidad cultural y visión industrial. Tenemos una historia compartida, una forma particular de contar y una sensibilidad que el público internacional empieza a reconocer.
Pero seguimos sin articular una estrategia conjunta: hacemos leyes, directivas, reglamentos… pero no diseñamos un modelo. Quizá este sea el momento de hacerlo. De construir una verdadera red europea que mire hacia el mundo sin renunciar a lo que somos; que impulse el talento local, las coproducciones, la innovación y el intercambio entre países. El mercado se reajusta. Y tal vez haya llegado la hora de que Europa también lo haga.
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