A finales de los 90, Los Soprano cambió la televisión. Aquello marcó el inicio de una era en la que, como apuntaba Brett Martin en Hombres fuera de serie, la ficción seriada dejó de ser un flujo y empezó a pensarse como una obra: narrativa larga, complejidad moral, personajes que crecían con nosotros. HBO abrió un camino que después siguieron Showtime, AMC y FX. Con el cambio de milenio, las series pasaron a ocupar el centro del ecosistema audiovisual y, durante dos décadas, definieron la conversación cultural.
Hoy el mercado es otro. Venimos de la Peak TV: un periodo de sobresaturación en el que la producción se disparó, los costes por capítulo aumentaron y el volumen diluyó aquello que hizo grande la primera década de los 2000. Algunas plataformas viven casi exclusivamente de producir series, pero el talento es limitado y la velocidad erosiona la profundidad. La consecuencia es evidente: las series ya no duran lo suficiente para volverse biográficas, para acompañar, para dejar huella. Por eso vemos cómo regresan los estrenos semanales, cómo se refuerza la idea de serie-evento y cómo vuelven las ventanas, ahora transformadas por la tecnología y los nuevos hábitos de consumo.
El próximo ciclo no irá de producir más, sino de producir con intención: obras capaces de acompañar, expandirse y permanecer. Este número intenta leer ese movimiento: cómo se reordenan las ventanas, qué buscan hoy los compradores y de qué manera la industria vuelve a situar la ficción en el centro. Quizá el próximo ciclo no dependa de hacer más, sino de volver a hacer mejor. A fin de cuentas, las series que recordamos no lo son por su volumen, sino por su capacidad de permanecer.
Les deseamos un cierre de año fructífero y un 2026 lleno de buenos proyectos. Gracias por acompañarnos. Continuamos la conversación el próximo año. ¡Felices fiestas!
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