Durante años, la industria audiovisual ha operado bajo una premisa aparentemente clara: el streaming venía a sustituir a la televisión en abierto. Un nuevo modelo, cerrado sobre sí mismo, basado en la exclusividad del contenido y en la captura directa del usuario. Hoy, ese relato empieza a resquebrajarse. El punto de inflexión no está solo en los datos de consumo —con el streaming superando por primera vez a la televisión lineal—, sino en la evolución del propio modelo. Plataformas que nacieron como walled gardens (jardines cerrados) comienzan a abrirse. Catálogos que aspiraban a ser exclusivos integran cada vez más contenido de terceros. Y estudios que apostaron por la integración vertical vuelven a explorar, de forma explícita o implícita, la lógica de las ventanas.
El caso de Warner Bros. Discovery es, en este sentido, especialmente revelador. Durante los últimos años, la estrategia de los grandes estudios pasaba por retener el valor dentro de sus propias plataformas. Hoy, sin embargo, la presión sobre la rentabilidad, la necesidad de escala y la fragmentación del consumo están empujando hacia un modelo menos rígido. Mientras tanto, Netflix —el gran disruptor— también evoluciona. Su catálogo vuelve a tener una combinación cada vez más amplia de contenidos tras sus últimos acuerdos. El resultado es un escenario donde las fronteras entre modelos se difuminan. La pregunta ya no es quién sustituye a quién, sino quién logra capturar mejor el valor en un sistema donde todos compiten, en última instancia, por el mismo usuario.
En ese contexto, la televisión en abierto no desaparece, pero sí redefine su papel. Se concentra en aquello que sigue siendo difícil de replicar: el directo, el evento, la capacidad de generar comunidad. Al mismo tiempo, el ecosistema digital absorbe progresivamente funciones que antes le eran ajenas. No es una transición ordenada. Es una disputa. Una disputa por el modelo, por el control del contenido y, sobre todo, por la relación con el espectador. Porque si algo empieza a quedar claro es que, en esta nueva fase, ya no hay posiciones estables. Solo equilibrios temporales.
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