2026: El año clave para dominar el audiovisual

Los grandes eventos deportivos siguen ocupando un lugar privilegiado en el ecosistema audiovisual por una combinación difícil de replicar: audiencias masivas en directo, conversación social sincronizada (antes, durante y después del partido) y un inventario publicitario que, cuando se planifica bien, logra algo cada vez más escaso: atención colectiva y medible

En un panorama mediático definido por la fragmentación extrema de la audiencia y la obsolescencia acelerada de los modelos de televisión lineal, el deporte se ha consolidado como el epicentro de la estrategia audiovisual global.

2026 es descrito desde la industria como un año especialmente importante en audiencia y engagement global (por la concentración de hitos deportivos) y porque la planificación ya se está haciendo en clave multiplataforma.

El consumo español se ha alineado con esa lógica multipantalla: Milano Cortina 2026 fueron los mejores Juegos Olímpicos de Invierno de la historia de Warner Bros. Discovery en streaming, con una cobertura de más de 1.000 horas en HBO Max y éxito de las nuevas funciones de visualización, como la experiencia multipantalla. En España, 3 millones de personas conectaron con Eurosport y hubo 215 millones de visualizaciones de vídeo en las redes del canal. Este tipo de cifras encaja con una tendencia global: los Juegos Olímpicos de París 2024 ya habían marcado un punto de inflexión.

Solo durante la primera semana de competición, casi el 15% de los suscriptores de HBO Max en España que consumieron contenidos en el servicio de streaming accedieron a los Juegos Olímpicos. Un laboratorio perfecto para probar nuevas funcionalidades (multipantalla, estadísticas en tiempo real, personalización) que luego se trasladan a otros deportes y competiciones.

Y es que el deporte ya no se concibe solo como un contenido en directo, sino como una plataforma tecnológica sobre la que construir productos, datos y experiencias personalizadas para el espectador/fan.

Esa es la materia prima de la nueva estrategia audiovisual del deporte: convertir un “momento” de pantalla premium en un recorrido completo de impactos y acciones distribuido entre TV lineal, streaming, móvil y redes sociales. La industria habla cada vez más de “ecosistemas” y menos de “canales”: el directo es el ancla, pero el valor se captura a lo largo de todo el ciclo de vida del contenido, desde el clip viral hasta el documental de largo recorrido.

A escala global, el fútbol es el gran “lenguaje común” del deporte, con un alcance social que se refleja en los propios estudios de audiencia. Esa base cultural hace que los torneos internacionales no sean solo competiciones, sino ventanas de atención global con implicaciones comerciales directas (patrocinios, derechos audiovisuales, licencias y abonos).

Los datos del último Mundial disputado ilustran bien el tamaño del fenómeno cuando se mide “más allá del share”: FIFA cifra en torno a cinco mil millones las personas que interactuaron con el Mundial de 2022 a través del universo de medios. El Mundial de 2026 aspira a ir un paso más allá: la FIFA proyecta ingresos de hasta 14.000 millones de dólares.

La combinación de televisión tradicional, plataformas OTT, redes sociales y contenidos propios convierte cada partido en un nodo dentro de una red de atención global que se extiende mucho más allá de los 90 minutos.

Esa potencia cultural se traduce, por tanto, en potencia económica dentro del audiovisual: el deporte se compra (en derechos) porque se vende (en múltiples ventanas) y porque reduce el riesgo de fragmentación extrema. Deloitte describe el momento actual como una fase de expansión y transformación donde los derechos de eventos siguen escalando en valor y los dueños de los derechos y los socios de distribución mezclan deporte, media y comercio para capturar valor a lo largo de toda la cadena (desde el directo hasta el dato del fan).

En 2025, el valor global de los derechos de transmisión deportiva se sitúa en torno a 58.000 millones de dólares y se espera que alcance los 66.420 millones en 2026, impulsado precisamente por el Mundial. Estados Unidos concentra algo más del 50% de ese valor, gracias a la fuerza de la NFL, la NBA o la MLB y a la entrada agresiva de gigantes tecnológicos como Amazon, Apple o Google.

RTVE dispone de los derechos en abierto del Mundial de Fútbol 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio, el más largo de la historia. El grupo público ofrecerá, gracias a un acuerdo con Mediapro, un partido por jornada, destacando los de la selección española.

En pago es DAZN quien se ha hecho con los derechos y emitirá todo el evento en un canal propio que, sin embargo, será distribuido también por otros operadores de televisión, como Orange (Grupo MasOrange) y Movistar Plus+ que cuenten con la oferta convergente miMovistar.

Los clientes que tengan contratado todo el fútbol en Orange disfrutarán, en directo y a la carta, de los 104 partidos sin coste adicional sobre su tarifa. Y todo ello con todas las funcionalidades propias del servicio, como el acceso a estadísticas en tiempo real, reproducir las jugadas clave en cualquier momento del partido, timeshifting (que permite pausar o retroceder durante la emisión del directo) y con la mejor calidad gracias a la tecnología True Motion, que duplica los frames por segundo (de 25 a 50 fps), permitiendo alcanzar una resolución Full HD 1080p con calidad comparable a la de un descodificador IPTV.

Este tipo de propuestas encaja con una tendencia global hacia experiencias cada vez más inmersivas y personalizadas, donde el usuario controla el cómo, el cuándo y desde qué dispositivo se conecta al directo.

Y es que la estrategia audiovisual global del deporte ya no se define solo por “quién emite”, sino por “cómo se empaqueta” y “cómo se reparte la experiencia” entre plataformas.

En la práctica, esto se ve en dos movimientos simultáneos. Primero, el crecimiento del gasto en derechos por parte de plataformas de streaming. Una proyección citada por TheWrap (a partir de estimaciones de Ampere Analysis) apunta a que los servicios de streaming gastarán 14,2 mil millones de dólares en derechos deportivos en 2026 (un +7% interanual), con un liderazgo de Prime Video en ese gasto y un reparto significativo entre varios actores (incluyendo YouTube TV, Paramount y Netflix).

En España, esta competencia se percibe porque las plataformas no solo buscan emitir fútbol, sino ofrecer paquetes deportivos muy completos que permiten continuidad de temporada y retención del abonado (el gran objetivo de negocio del directo). La NBA es un ejemplo paradigmático de esta lógica, y reparte los derechos entre Prime Video, Disney+ y NBC Universal.

Segundo, la consolidación de estrategias híbridas, donde lineal y streaming no son sustitutos perfectos, sino herramientas complementarias para capturar tipos de público diferenciado.

Nielsen lo resume en su informe anual al señalar que la oportunidad para maximizar alcance está en distribuir en ambos entornos, con ejemplos concretos como la Super Bowl en emisión tradicional y streaming gratuito (en Tubi), o Sunday Night Football, combinando broadcast y streaming. La amplificación social de estos dos eventos genera cientos de millones de dólares en valor mediático añadido.

En este contexto, las ligas tienden a negociar no solo por precio (que sigue siendo, eso sí, determinante), sino arquitectura de relación. PwC plantea que el modelo puede evolucionar desde subastas puras hacia acuerdos con participación y control compartido de distribución y datos, y pone como ejemplo un acuerdo entre la NFL y el canal deportivo americano ESPN en el que se habría articulado también participación accionarial y traspaso/control de activos y propiedad intelectual, precisamente para alinear incentivos en la era del streaming. El control del dato del fan —quién es, cómo consume, qué compra— se ha convertido en un activo tan estratégico como los propios derechos de emisión.

Un ejemplo especialmente ilustrativo de esta lógica de “ecosistema” es el nuevo mapa audiovisual del fútbol femenino. A finales de enero, la Liga F, la única competición profesional de mujeres que hay en España, anunció un acuerdo con RTVE y TV3 para que ambas corporaciones retransmitan en abierto cuatro partidos por jornada en lo que resta de temporada.

Eso sí, DAZN, la plataforma deportiva que en 2022 compró por 35 millones de euros los derechos de emisión del torneo hasta el curso 2026-2027, seguirá televisando de forma íntegra los ocho encuentros que se celebran cada fin de semana. Este modelo mixto —pago + abierto— permite maximizar ingresos sin renunciar a la construcción de marca y de base social, especialmente relevante en propiedades emergentes como el deporte femenino.

PUBLICIDAD Y PATROCINIOS

Para las marcas, el deporte sigue siendo el territorio publicitario más relevante, y ahora esa atención puede diseñarse como una secuencia crossmedia. En EE. UU., Nielsen atribuye al deporte el repunte del consumo publicitario en broadcast, demostrando que no solo sostiene el modelo con anuncios, sino que lo impulsa.

En el directo deportivo, sumar pantallas no duplica impactos: descubre nuevo público. De ahí la tendencia a la “publicidad sincronizada”, que coordina creatividad, timing y mensaje entre dispositivos. A esto se suma el papel de las redes como “segunda transmisión”: no compiten solo por atención, sino que generan rutas de entrada al directo y prolongan su vida en resúmenes, memes y conversación. En París 2024, el 36% de nuevos espectadores llegó tras ver clips virales en TikTok, confirmando que lo social es el principal embudo hacia las plataformas de pago.

El éxito audiovisual deportivo responde a una ejecución común: distribución multiplataforma, narrativa expandida y monetización combinada (publicidad, patrocinios y suscripción). Además, el contenido deportivo no en directo impulsa la permanencia: los documentales temáticos funcionan muy bien y atraen nuevos sponsors al extender el deporte más allá del estadio. Series sobre clubes o deportistas fidelizan, construyen marca y conectan con la Generación Z.

El poder del deporte no depende solo de cuánta gente mira, sino de cómo se mira y qué se construye alrededor. Todo apunta a la consolidación del sportainment: la fusión entre deporte, entretenimiento, tecnología e interacción, donde la IA, la personalización y las experiencias inmersivas convertirán cada partido en una plataforma viva para marcas, ligas y medios.

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