La década de 2020 está marcada, para la industria del entretenimiento, inevitablemente por la pandemia de la COVID-19 y las medidas de contención del virus, que incluyeron confinamientos que intermitentes que se extendieron entre 2020 y 2021. Esto llevó, entre otras cosas, a que la producción de contenido se resintiera por los parones en rodajes y se aceleraran los cambios en los hábitos de los espectadores que habían empezado a notarse en la década anterior. Pero, aunque en la producción de ficción se haya notado un frenazo, esto no quiere decir que se esté gastando menos dinero en contenido, al contrario. En 2010, por ejemplo, antes de la entrada en escena de la producción original de Netflix, la inversión total estaba en 87.000 millones de dólares. En 2020, cuando se habían sumado a la fiesta otras plataformas como Apple TV y Disney+, dio un salto notable hasta los 160.000 millones. Y para 2026, Ampere Analysis estima que alcanzará los 255.000 millones de dólares.
Hay que tener en cuenta, no obstante, que esta cifra representa solo un 2% más que en 2025 y que, en estos últimos tres años, se ha mantenido bastante estable. En 2022 y 2023, por ejemplo, se mantuvo en los 243.000 millones, probablemente porque el ritmo de producción aún se estaba recuperando de la pandemia y porque las huelgas de guionistas y actores en Estados Unidos, en 2023, provocaron también que el sector se parara durante varios meses. Son las plataformas de streaming quienes impulsan el gasto, superando este año por primera vez la barrera de los 100.000 millones de dólares, lo que supone el 40% de la inversión total. Y ahí entran tanto las que se basan en un modelo de suscripción como las que tienen también publicidad, algo que acrecienta todavía más la brecha con los canales tradicionales de televisión.

STREAMING CONTRA LA TV LINEAL
La televisión tradicional, de hecho, lleva ya bastante tiempo inmersa en un momento de cambio del que todavía se desconoce cuándo terminará y, especialmente, cómo será el negocio cuando se consolide dicha evolución. Las audiencias en directo están en declive y el streaming ya no solo compite por ellas con ficción original, sino también con formatos de entretenimiento y retransmisiones en directo. Un territorio que era de los canales tradicionales, como las galas de entregas de premios, se ha ido mudando poco a poco al streaming; Netflix emite desde 2024 la de The Actor Awards (los antes conocidos como premios del SAG, o sindicato de actores) y los Oscar se mudarán en 2029 a YouTube, que también retransmiten la de los galardones BRIT de la música británica. Y esta redirección se nota, por supuesto, igualmente en la inversión en contenido.
En 2020, el gasto mundial de las cadenas de televisión representaba el 65% del total y el de las OTT solo era el 17%. Que, seis años más tarde, la inversión de las plataformas haya subido hasta el 40% de montante total no hace más que certificar la brecha entre los canales lineales y el streaming. Peter Ingram, jefe de investigación en Ampere Analysis, afirmaba al respecto que “(en 2025) las plataformas han superado a los canales comerciales por primera vez en su contribución general al panorama del gasto en contenido. Esperamos que las plataformas construyan aún más sobre esto y que veamos un crecimiento del 6% en inversión. El cambio acelerado en la inversión en contenido hacia el streaming muestra una reestructuración de mercado global de la televisión, con el tamaño y el alcance emergiendo como los diferenciados centrales competitivos para que los operadores sigan siendo rentables”.

Y es que los canales se encuentran no solo con que los costes de la ficción son cada vez más altos sino que, además, han de pugnar por la inversión publicitaria con las plataformas que han añadido planes con anuncios a sus suscripciones, por ejemplo, lo que reduce la parte de la tarta que solía tocarles. Si miramos las cifras de 2025 en España, aunque la televisión continuaba siendo el medio prioritario, con más de 1.780 millones de euros y el 28,5% del total, experimentaba por primera vez un descenso en la inversión publicitaria, con 4,4% menos que en 2024. Y, en general, el gasto en publicidad también fue un 2,6% menor al del año anterior, alcanzando los 12.745,4 millones, según datos del Estudio InfoAdex 2026, lo que contrastaba con el crecimiento en gasto en todo el mundo, de un 5,9% con respecto a 2024. La consultora Dentsu proyectaba que la inversión en televisión a finales de 2025 crecería un 0,6%, datos casi irrelevantes, y que mientras la televisión lineal caería un 2,5%, la conectada experimentaría una subida del 18,4% gracias, principalmente, al streaming con publicidad, que incluye tanto FAST como AVOD y planes con anuncios de plataformas de streaming. En su anuncio de resultados a finales de 2025, Netflix señalaba, por ejemplo, que sus beneficios por publicidad habían crecido un 2,5% con respecto a 2024, superando los 1.500 millones de dólares.
En Estados Unidos, por su parte, muchos de los canales tradicionales pertenecen a estudios que poseen su propia plataforma de streaming y que prefieren que su inversión en contenido se vaya ahí, que es un aspecto que no se reproduce de esa manera en Europa, donde los operadores tradicionales de televisión tienen un enfoque más local y muestran una mayor resistencia a estos cambios. Aparte, las cadenas públicas son las que, de momento, impulsan la producción de contenido. Sin embargo, se aprecia una tendencia que en España ya es la habitual, que es que el streaming es quien más gasta en ficción y, en concreto, Netflix. La compañía preveía que su inversión en producción global en 2026 iba a ser de 20.000 millones de dólares y, en las celebraciones del décimo aniversario de su llegada a España, prometió también que gastaría mil millones de euros en contenido en nuestro país entre 2025 y 2028.

LA CLAVE ESTÁ EN EL DEPORTE
La evolución del catálogo de la N roja en estos diez años de operación en España es un buen termómetro de por dónde se va a mover esa inversión de contenido de las plataformas de streaming en 2026. Aparte de la ficción y del contenido licenciado, un apartado que la compañía ha potenciado con acuerdos con Warner Bros. y Sony Pictures Television que, por ejemplo, han llevado a la plataforma títulos de HBO como Love & Death, clásicos como Urgencias o la saga de películas de Torrente, cada vez está invirtiendo más en eventos en directo y, en concreto, en derechos deportivos, que es el gran caballo de batalla de los últimos años, más todavía en un 2026 donde se celebra un Mundial de fútbol en Estados Unidos, Canadá y México. Esta competición, de hecho, ha llevado a que la MLS (la liga de fútbol estadounidense) acorte el acuerdo de emisión que tiene con Apple TV para que finalice en 2029 y pueda salir al mercado el año que viene, percibiendo unos 200 millones de dólares por cada una de las tres temporadas hasta entonces.
En ese país, la consultora S&P Global estimaba que, en 2024, el negocio de estos derechos había alcanzado los 29.000 millones de dólares, con movimientos muy sonados como la compra de los de la NBA por parte de Prime Video (compartidos con NBC) y el acuerdo firmado entre Disney, NBCUniversal y Amazon y la WNBA por el que se hacían con las retransmisiones de la liga de baloncesto femenina por unos 200 millones de dólares por temporada, con una duración de once años, a partir de 2026. Era un salto muy significativo con respecto a los 60 millones por temporada que la WNBA percibió hasta el año pasado y ejemplifica bien ese interés por las competiciones deportivas para atraer y, sobre todo, mantener a los suscriptores. En 2015, el mercado de estos derechos en Estados Unidos ascendió a 14.640 millones de dólares y se proyecta que, para 2027, suba hasta casi los 35.000 millones.
Si tenemos en cuenta que Netflix pagó, al parecer, unos 150 millones de dólares a la NFL para retransmitir los partidos del día de Navidad de 2025 y 2026, y que Paramount+ desembolsará 7.700 millones por los combates de la UFC en Estados Unidos, Australia y Latinoamérica durante los próximos siete años, es fácil hacerse una idea de hasta dónde puede aumentar el negocio. Las plataformas que incluyen un canal de deportes, como Disney+ con ESPN y HBO Max con Eurosport, están potenciándolo con acuerdos como el que la primera cerró con la UEFA para emitir los encuentros de la Champions League femenina en Europa hasta la temporada 2029/30.

LA ENTRADA DE YOUTUBE
En todo este panorama va a ser muy importante un actor como YouTube, que se replanteó hace algunos años su estrategia de producción original y planes de suscripción y que, ahora, está capitalizando el hecho de que sea, en realidad, la mayor competencia para Netflix en cuanto a horas de visionado. Neal Mohan, CEO de la compañía, aseguraba en 2025 que “YouTube es la nueva televisión porque sus creadores son el nuevo prime time”, haciendo referencia a que, por ejemplo, en España fue el segundo sitio más visitado en internet el año pasado, con 37,2 millones de usuarios únicos, solo por detrás de Google. Y su mayor inversión en contenido es una de las tendencias en entretenimiento para 2026 que los medios y las consultoras tenían muy presente a la hora de hacer sus predicciones a finales de 2025.
YouTube apuntaba que, desde 2021, había pagado más de 100.000 millones de dólares a creadores, artistas y compañías de medios y que, en 2024, había aportado 55.000 millones al PIB de Estados Unidos. Estos creadores van a estar en el centro de su estrategia para 2026, que es nada menos que “reinventar el contenido”, según las palabras de Mohan. Se potenciarán los Shorts, vídeos de corta duración en formato vertical, que el año pasado promediaron más de 200.000 millones de visionados diarios, y no hay que olvidar que la empresa tiene también una plataforma de televisión por streaming llamada YouTube TV, que permite ver hasta cien canales en directo y que, por ahora, solo está disponible en Estados Unidos.

El negocio del contenido va más allá de las series y programas que producen las cadenas de televisión tradicionales. Por ejemplo, de los 160.000 millones invertidos en 2020, 39.000 se dedicaban a derechos deportivos, 52.000 iban a derechos de emisión de cine y television y 69.000, a la producción de contenido original. La irrupción de las OTT ha trastocado el panorama en el sentido de que ya compiten con los canales lineales hasta en la atracción de anunciantes, y su interés en los eventos en directo es un aspecto del negocio que aún se encuentra en evolución. Netflix utilizó, por ejemplo, el concierto de regreso del grupo coreano BTS para estrenarse en la emisión en directo de actuaciones musicales, consiguiendo ser lo más visto en la plataforma en 77 países. Es un paso más hacia su transformación definitiva en lo que era la televisión de toda la vida, pero en streaming.
EL COMPETIDOR QUE NADIE QUERÍA TENER
Durante años, YouTube ha sido percibido como un ecosistema paralelo, dominado por creadores y ajeno a la lógica tradicional de inversión en contenido. Sin embargo, su evolución reciente apunta a un cambio de posición mucho más profundo: de plataforma de distribución a actor central en la redefinición del mercado audiovisual. La entrada en el terreno de los eventos en directo y de los grandes hitos culturales marca un punto de inflexión. No se trata solo de ampliar oferta, sino de ocupar espacios que históricamente han denido el valor de la televisión y, más recientemente, del streaming. En ese movimiento, YouTube no compite replicando modelos existentes, sino apoyándose en su mayor fortaleza: una relación directa, masiva y constante con el usuario. A diferencia de las plataformas tradicionales, su ventaja no está en la inversión en grandes catálogos, sino en su capacidad para convertir la atención en un activo estructural. Esto le permite entrar en la batalla del contenido desde otro ángulo, donde la escala y la recurrencia pesan tanto como la producción.

Este artículo ha sido publicado en el número de Tivù España de abril de 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.
© REPRODUCCIÓN CONFIDENCIAL






