Es la migración del plató a los estudios de streaming, que está redefiniendo las reglas y marcando una nueva etapa de independencia y libertad creativa. El trasvase de profesionales de la televisión hacia plataformas como Twitch, YouTube o el ecosistema del podcast – o incluso a modelos de streaming de pago – no responde únicamente a una cuestión económica, aunque la monetización directa sea un incentivo evidente. Lo que está en juego es un cambio en la forma de estar presente. La intermediación de los grandes grupos de comunicación empieza a percibirse, en muchos casos, como una limitación más que como una oportunidad.
En el modelo tradicional el presentador es un activo de la cadena, sujeto a líneas editoriales, franjas horarias rígidas y a la presión constante del audímetro.
Cada vez más, el concepto de“minuto de oro” pierde sentido y se traslada a la capacidad de retener a una audiencia que elige activamente qué ver y cuándo hacerlo. Nombres como Marc Giró, que el pasado mes de abril estrenó su ‘Cara al Show’ en laSexta siguen generando expectación y buenas audiencias, pero otros rostros populares han decidido apostar por un entorno multimedia más flexible, en el que predomina una mayor libertad creativa.

Algunos programas cuyos presentadores han migrado del abierto a otras plataformas
Como en muchos otras aspectos de la industria, los referentes los encontramos en Estados Unidos. Conan O’Brien es uno de los casos más claros de figuras muy mediáticas que han pasado de un popular Late Night en la NBC a una nueva aventura en el podcasting. Tras 25 años al frente de su programa, lanzó un espacio que ya está muy consolidado, Conan O’Brien Needs a Friend. Más libre y sin las restricciones propias de la televisión en abierto estadounidense —donde el regulador limita el lenguaje y ciertos contenidos—, el programa le permite explorar conversaciones más largas y personales y conectar con su audiencia de otra forma. Es un ejemplo significativo, pero no el único: el periodista Don Lemon pasó de tener un programa en CNN a crear en YouTube The Don Lemon Show, un espacio donde analiza la actualidad diaria y cuenta con varios invitados.
Control sobre su imagen y su narrativa
En el entorno digital, estas figuras públicas recuperan el control del tiempo y del tono. Desaparecen las restricciones de escaleta que obligan a interrumpir contenidos por exigencias de programación. Esta flexibilidad ha permitido explorar formatos y ritmos que la televisión lineal, más condicionada por su modelo publicitario, tiene más dificultades para asumir. La autenticidad se impone como criterio de valor frente a la perfección técnica tradicional. Ya no se trata de emitir para una masa amorfa, sino de construir un ecosistema donde el comunicador es el arquitecto total de su mensaje, desde la iluminación hasta el último párrafo del guion.
Pero este cambio no es solo formal, también es metodológico. Los referentes mediáticos que operan en streaming trabajan con métricas distintas: ya no se mide únicamente la audiencia media, sino la duración de visionado, la recurrencia, la interacción en directo o la capacidad de generar comunidad. La relación con el dato es más inmediata y más exigente. Cada emisión es, al mismo tiempo, contenido y test de comportamiento. La televisión tradicional analizaba audiencias al día siguiente; el streaming las interpreta en tiempo real.
Esta migración ha consolidado la importancia de la marca personal por encima de las siglas de la cadena. Antes, un presentador estaba asociado a un grupo de comunicación concreto; hoy, el profesional se convierte en una entidad propia que puede trasladar a su comunidad a cualquier plataforma. La comunidad, a diferencia de la audiencia televisiva clásica, participa activamente en el contenido. El chat, las redes sociales o los comentarios convierten la emisión en una conversación continua. El talento ya no habla “para” el público, sino “con” él, diluyendo la separación entre emisor y receptor.

El talento consolidado también puede adaptarse, o a la inversa. Arriba, Inés Hernand
Este modelo introduce una agilidad inédita. Un creador puede reaccionar en tiempo real a la actualidad, sin depender de la programación de una cadena. Mientras la televisión sigue su parrilla, el streaming puede adaptarse de forma inmediata al contexto. Pero, además, permite desarrollar universos narrativos propios: contenidos derivados, como clips breves o material adicional en redes que amplían la vida útil de cada emisión.
La comunidad se convierte así en el verdadero activo. No es solo una suma de espectadores, sino un ecosistema de fidelidad que garantiza continuidad. La diferencia es sustancial: mientras la televisión compite por cuota, el creador compite por vínculo. Y ese vínculo es el que permite sostener modelos híbridos de ingresos, desde suscripciones de pago hasta patrocinio o eventos en directo.
Sin embargo, esta aparente independencia también tiene límites. La relación directa con la audiencia convive con una fuerte dependencia de las plataformas y sus algoritmos, que condicionan la visibilidad del contenido. La comunidad es un activo, pero no siempre es completamente transferible. El profesional debe convertirse en gestor de su propia audiencia, atendiendo a métricas, tendencias y cambios constantes en el entorno digital. Lo que en televisión es estructura, en streaming es incertidumbre. Por eso, detrás de los nombres que han apostado por este sistema hay siempre un gran equipo.
Los rostros del cambio
En España, el fenómeno se materializa en perfiles muy distintos. Ángel Martín representa una transición basada en la eficiencia. Con su “Informativo matinal para ahorrar tiempo”, ya finalizado, demostró que un formato breve, producido con pocos medios, puede generar un impacto comparable —o superior— al de programas tradicionales mucho más complejos. Supo interpretar, siempre desde el humor, la necesidad de síntesis de la audiencia actual.
Por descontado, el sistema funciona en dos direcciones, y algunas de las estrellas de internet han pasado a estar muy presentes en la televisión tradicional. En 2024, Inés Hernand participó y ganó la novena edición del reality culinario, MasterChef Celebrity, de TVE. Este programa, como otros, se han nutrido de influencers que han desarrollado sus programas en otros formatos y redes sociales. Hernand presentó en 2023 junto a Mercedes Milá No sé de qué me hablas en la cadena pública.

Pero si hay un ejemplo de personaje surgido de las redes cuya presencia es cada vez más transversal es Ibai Llanos, que encarna un modelo diferente. Más allá de ser un creador, se ha convertido en un nodo mediático capaz de generar eventos propios con audiencias masivas, como la «Velada del Año», que rivalizan en seguimiento con grandes eventos deportivos. Su capacidad para atraer a figuras del deporte o del entretenimiento directamente a su canal evidencia un cambio de jerarquías: el contenido ya no necesita pasar por los medios tradicionales para alcanzar relevancia. El pasado abril, por primera vez, la final de la Copa del Rey entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid fue también un enfrentamiento entre dos modelos de transmisión: la TV tradicional (RTVE) frente al mundo de los streamers, con más de 200.000 personas viendo el partido desde el canal de Youtube de Ibai.
Por su parte, Berto Romero y Andreu Buenafuente demuestran que el talento consolidado también puede adaptarse. Formatos como “Nadie sabe nada” funcionan de forma transversal en radio, plataformas y redes, evidenciando que el cambio no es generacional, sino estructural. De hecho, una versión televisiva se emitió en TNT y HBO Max.

Nuevos formatos y lenguajes
El lenguaje audiovisual del streaming está más cerca de la conversación que del espectáculo tradicional. La cámara fija, el plano medio, la interacción directa y la ausencia de artificio construyen una estética distinta, más cercana y menos jerárquica.
Al mismo tiempo, conviven formatos muy distintos: desde el directo improvisado hasta producciones cada vez más complejas, con realización multicámara, escenografías propias y equipos profesionales. El streaming ya no es necesariamente amateur. En muchos casos, reproduce —y reinterpreta— los códigos de la televisión, pero bajo una lógica de control propio. Este nuevo lenguaje también afecta a la narrativa. La emisión deja de ser lineal y pasa a ser fragmentable.
Estos cambios están obligando a las cadenas tradicionales a replantearse su papel. Los profesionales ya no dependen exclusivamente de la televisión para construir su relevancia, lo que modifica la relación contractual y el equilibrio de poder. En muchos casos, el canal personal se convierte en el activo principal del comunicador, mientras que la televisión actúa como un amplificador hacia otros públicos o de mayor edad.
Esto ha llevado a los grandes grupos a reforzar sus plataformas digitales y a aceptar nuevas fórmulas de convivencia. Ya no se trata de exclusividad absoluta, sino de compatibilidad de presencias. El talento puede estar en pantalla y, al mismo tiempo, mantener su espacio propio.

La comunidad, a diferencia de la audiencia televisiva clásica, participa en el contenido
El impacto también es visible en el mercado publicitario. Las marcas valoran cada vez más la prescripción directa y la conexión con comunidades fieles. Frente al spot tradicional, el contenido integrado o el patrocinio en directo ofrecen mayor credibilidad. La publicidad ya no busca solo alcance, sino afinidad.
Aun así, este escenario no es uniforme. No todos los profesionales pueden replicar estos modelos de éxito, y la saturación de creadores introduce una competencia intensa por la atención. La televisión sigue ofreciendo una estructura, una visibilidad y una capacidad de producción que el entorno digital no siempre puede igualar.
La transformación actual no implica la desaparición de los grandes programas en televisión – como El Hormiguero, La Revuelta o El Intermedio –, sino un reajuste de roles. El streaming ofrece autonomía y conexión directa; la televisión mantiene su capacidad de amplificación y legitimación.
El poder ya no reside exclusivamente en quien emite, sino en quien es capaz de generar y sostener una relación con su audiencia. El plató deja de ser un lugar físico para convertirse en cualquier espacio desde el que un comunicador pueda activar esa relación. Y en ese desplazamiento, se está redefiniendo el papel de muchos de los protagonistas de la pequeña pantalla. La televisión no desaparece, pero deja de ser el único destino posible. Ahora convive con una red de creadores que operan con reglas distintas, pero con un mismo objetivo: captar y mantener la atención en un entorno donde el espectador ya no espera, decide.
Este artículo ha sido publicado en el número de Tivù España de mayo de 2026, que puedes descargar gratis o suscribirte para recibirlo.
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Marc Giró en su nuevo programa en LaSexta 




