La sucesión en Disney, pospuesta durante años, ha encontrado una fecha precisa y un nombre que todos en la compañía conocen: a partir del 18 de marzo de 2026, tras la Junta Anual, Bob Iger cederá oficialmente el testigo a Josh D’Amaro. La noticia, confirmada por la compañía, pone fin (al menos en teoría) a un largo período de rumores, y abre un nuevo capítulo para el estudio en un momento en que el grupo sigue generando ingresos, especialmente donde más importa: en parques y experiencias.
La elección de D’Amaro dice mucho sobre una cosa: la continuidad. Disney, tras una década marcada por cambios de rumbo, reorganizaciones y una sucesión previa que terminó mal, vuelve a centrarse en un perfil «interno» vinculado al motor más fiable de sus finanzas. Como presidente de la división de Experiencias, D’Amaro supervisó un ámbito que incluía parques temáticos, líneas de cruceros, complejos turísticos y productos de consumo: el área que, según los análisis que circularon en las horas posteriores a su nombramiento, impulsó a la compañía mientras la televisión lineal perdía terreno y el streaming luchaba por compensar la erosión del cable. La visión del Consejo parece clara: poner al mando a alguien que provenga del sistema operativo más rentable y que, por su función y trayectoria, esté acostumbrado a gestionar proyectos gigantescos, inversiones y una compleja cadena industrial.
El perfil, según revelan análisis recientes de medios estadounidenses como Business Insider , está diseñado para transmitir una sensación de «estabilidad y consenso». D’Amaro lleva en Disney desde 1998 y ha abarcado diversos departamentos, con un currículum que incluye puestos en finanzas y licencias, así como la dirección de Disneyland Resort y Walt Disney World Resort. Esta experiencia multidivisional es significativa, ya que la compañía está entrando en una era de transformación que afecta no solo al cine y las series, sino a todo el ecosistema: desde la monetización de la propiedad intelectual hasta los nuevos comportamientos de la audiencia, con el impacto de tecnologías como la IA que ya están transformando los procesos creativos y de producción. Interpretaciones más conservadoras enfatizan que la verdadera prueba, para un CEO que creció principalmente en el mundo de los parques, será gestionar el sector del entretenimiento en el sentido más estricto: streaming y televisión, en un contexto de presión sobre los márgenes, competencia y la necesidad de que las estrategias de Disney+, Hulu y ESPN sean sostenibles.
Otro elemento que arroja luz sobre las motivaciones tras el nombramiento es la forma en que Disney parece intentar evitar los errores de 2020. Esta vez, la estructura de gobierno promete una transición más clara: Iger seguirá siendo asesor sénior y miembro del consejo hasta su jubilación el 31 de diciembre de 2026, pero con un alcance más definido que en el pasado, cuando la superposición entre el director general y el presidente ejecutivo se convirtió en un problema. Al mismo tiempo, el ascenso de Dana Walden a presidenta y directora creativa completa un balance que, junto con los análisis de diversos sectores, pretende cubrir la compañía en dos frentes: por un lado, el rigor operativo y de gestión ligado a la experiencia de D’Amaro, y por otro, un liderazgo creativo de primer nivel confiado a una figura con credibilidad interna y externa en el mundo del entretenimiento.
¿Qué significa esto para el gran estudio? A corto plazo, es difícil esperar cambios ideológicos: la impresión es que Disney quiere proteger su imagen de fiabilidad ante los inversores y el mercado, y seguir aprovechando el departamento que ya genera una parte decisiva de los beneficios. Pero precisamente por eso, lo más interesante será comprender cómo D’Amaro aprovechará la ventaja de su trayectoria: si reforzará aún más la integración entre franquicias y parques, si impulsará iniciativas digitales y de fidelización para llegar a un público más joven y, sobre todo, cuán agresivo será para que el streaming sea un negocio a la altura de la importancia que Disney le ha asignado. En última instancia, la respuesta no estará solo en los comunicados de prensa: se dará en los próximos trimestres, cuando Disney, tras la salida de Iger, tenga que demostrar que el nuevo liderazgo no es solo una opción tranquilizadora, sino una estrategia.
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