Publicidad: por qué la televisión es premium

La economía del creador ya no llama a la puerta de la televisión, sino que convive con ella en el mismo sofá, en la misma pantalla. Según un estudio reciente de Ampere Analysis, estar conectado a tu propia pantalla se está convirtiendo en la nueva normalidad, incluso entre las personas mayores de 55 años. Y eso significa que los creadores trabajan para un público más amplio que el de los propietarios de teléfonos inteligentes y los jóvenes. En otras palabras, la economía del creador no es una moda que le quite puestos de trabajo a los concesionarios de las cadenas, sino un canal que está contribuyendo a configurar los hábitos y las expectativas de la demanda publicitaria con un lenguaje que se parece cada vez menos a la interrupción y más al contenido.

Por eso, el cambio de paradigma puede resultar histórico: si las marcas pueden ponerse en contacto directo con los creadores y con la comunidad, los concesionarios de las cadenas corren el riesgo de verse involucrados en el momento de la “cobertura final”, mientras que el valor (atención, conversión, conversación) se creará en otro lugar.

Por fortuna, España es cada vez más consciente de que estamos a las puertas de una fase de regulación e imposición de normas que habrá que cumplir y que, para las televisiones, puede acabar siendo una oportunidad.

De hecho, la nueva versión del Código de Conducta de Publicidad a través de Influencers, que entró en vigor el 1 de octubre de 2025, es un signo de la maduración del canal y de la exigencia de una mayor transparencia, que incluye una divulgación más clara, una mayor responsabilidad contractual y la alineación con el marco europeo. Ahora bien, un mercado que exige normas también requiere de procesos. Y es aquí donde los organismos de radiodifusión tienen una nueva oportunidad para volver a ocupar un lugar central, no solo vendiendo espacios publicitarios, sino también promoviendo garantías como la seguridad de marca, el cumplimiento, el control editorial o la medición en un mundo que a menudo se percibe como poderoso y muy opaco. Así, mientras IAB Spain habla de que la publicidad digital podría superar los 5.800 millones en 2025, es inevitable pensar que la televisión tradicional también podría beneficiarse.

Este es el punto de inflexión desde el que las televisiones pueden construir ofertas competitivas. En un mercado digital que exige transparencia, la TV es premium por sus estándares, datos, medición y seguridad. Si no, corre el riesgo de diluirse en la planificación de medios.

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